Podría decirse que forman parte de la cultura pop. Del inconsciente colectivo
de una sociedad. Y eso hace que algo nos resulte conocido sin realmente
conocerlo. Contradictorio, ¿no?
Eso era lo que me pasaba con Agatha Christie.
Conocía su nombre —¿quién no? Jajaja—, su fama, su historia y la enorme
cantidad de seguidores que tiene alrededor del mundo. Sin embargo, nunca había
leído ninguna de sus obras.
¿Por qué? Simplemente porque nunca se me había dado la oportunidad.
¿Y saben qué? ¡Me encantaron! Jajaja.
Toda esta introducción
sirve para poner en contexto mi llegada a la señora Christie, porque hasta el
momento leí cuatro de los libros de aquel lote y otros dos que me regalaron al
enterarse de que me había gustado su prosa.
Hoy vengo a hablarles
de Cianuro espumoso, y no porque
haya sido mi favorito, sino porque es el último que acabo de terminar de leer.
¿Qué me encontré?
A ver... quien haya leído alguna vez a doña Agatha sabe perfectamente qué puede
encontrarse.
Un crimen casi imposible de llevar a cabo, un sinfín de personajes, capítulos
cortos y, lo que considero más importante, unas ganas tremendas de no abandonar
la lectura.
Esta colección, además, viene con un índice de los personajes que aparecen en
la historia. Jamás lo leo por miedo al spoiler, pero admito que es un recurso
que puede resultar muy útil para quienes suelen perderse cuando empiezan a
aparecer tantos nombres.
Cada libro que comienzo de
esta autora me sorprende por la capacidad que tiene para engancharme
prácticamente desde la primera página.
Y Cianuro espumoso no es la
excepción: tenemos un muerto. Tenemos varios sospechosos. Y tenemos una
pregunta que se mantiene durante buena parte de la novela: ¿quién fue el
responsable?
Ahí está uno de los
grandes ganchos de la historia.
A medida que avanzamos en la lectura, empezamos a sospechar de todos. Cada
personaje parece tener algún motivo, algún secreto o alguna razón para ocultar
información.
Y eso me parece genial.
Admiro muchísimo el
talento que tenía Agatha Christie para generar esa sensación en el lector:
conseguir que uno mire a todos los personajes con cierta desconfianza y, al
mismo tiempo, hacer que ninguna teoría parezca completamente segura.
¿De qué va Cianuro
espumoso?
Rosemary muere durante su fiesta de cumpleaños frente a sus invitados.
La causa: cianuro en su copa. Linda forma de quitarse la vida, eh.
Al menos eso es lo que
todos creen.
Su marido, su hermana y los demás invitados continúan con sus vidas como
pueden, intentando dejar atrás lo ocurrido.
Pero unos meses más tarde,
el viudo recibe cartas anónimas que aseguran que Rosemary no se suicidó, sino
que fue asesinada.
Y acá es donde todo se pone todavía mejor. Porque a partir de ese momento
empezamos a mirar de otra manera a cada uno de los personajes que estuvieron
presentes aquella noche.
Mientras más conocemos a cada uno de los involucrados, mayor se vuelve nuestra incertidumbre.
En Cianuro espumoso no contamos con el
clásico Hércules Poirot, pero eso no significa que no exista una investigación.
La novela utiliza otros recursos para llevarnos de una pista a otra y
permitirnos reconstruir lo sucedido.
Y eso es justamente lo divertido.
¿Qué más se puede decir
sin entrar en spoilers?
Nada. O, mejor dicho, muy poco.
Porque cada indicio te lleva a una nueva duda. Cada revelación modifica nuestra
percepción de los personajes. Cada pensamiento hace que volvamos a preguntarnos
quién puede ser —si es que existe— el verdadero asesino. Y, como dije más
arriba, creo que eso es lo grandioso de la obra de Agatha Christie; porque te
permite meterte dentro de la historia.
No solamente estás leyendo
para saber qué sucede: estás intentando resolver el misterio junto con los
personajes. Armás teorías, sospechás de uno, después de otro y, cuando creés
que finalmente entendiste todo, aparece algún detalle que te hace replantearte
nuevamente lo que pensabas.
Ese juego con el lector
es, para mí, uno de los grandes motivos por los que sus novelas siguen
funcionando tantos años después.
¿Recomiendo Cianuro espumoso?
RE sí. Pero, más que recomendar solamente esta novela, recomiendo acercarse a
la obra de esta enorme autora.
En mi caso, llegué a
Agatha Christie con más de 30 años de retraso respecto de lo que hubiera
imaginado, y ahora entiendo perfectamente por qué su nombre forma parte de ese
inconsciente colectivo del que hablaba al principio.
Porque cuando uno
finalmente se sienta a leerla, descubre que detrás del nombre, de la fama y de
todas las referencias que alguna vez escuchó, hay algo mucho más importante: una
autora que sabía contar historias.
Y, sobre todo, sabía cómo conseguir que uno quisiera seguir leyendo.
Sinopsis
En el reservado de un selecto restaurante, seis personas se reúnen alrededor de una mesa preparada para siete comensales. Ante el asiento vacío hay un ramillete de romero en memoria de Rosemary Burton, fallecida en aquel mismo escenario un año atrás después de haber ingerido cianuro disuelto en su copa.En aquel momento todo el mundo pensó que se trataba de un suicidio. Hoy ya no. Ahora existen sospechas fundadas de que en realidad Rosemary fue asesinada. Y lo que en un principio parecía una cena organizada en homenaje a la difunta se va a convertir en otra cosa muy distinta.
Una peligrosa conmemoración que puede volver a acabar en tragedia cuando, al alzar la copa para brindar en recuerdo de la fallecida, uno de los comensales se desploma en su silla.








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